La miel de León refleja la enorme riqueza natural de la provincia. Sus montañas, bosques, brezales, castañares, robledales, encinares, valles y campos abiertos dan lugar a mieles muy distintas entre sí.

También está muy ligada a los castañares y a los bosques de la comarca, con variedades como la miel de castaño o la miel de bosque, de sabores más profundos y aromáticos. También encontramos mieles de roble, encina, mil flores o retama, cada una marcada por la floración y el paisaje en el que trabajan las abejas.

Lo que distingue a la miel leonesa es la diversidad de entornos en una misma provincia, capaz de ofrecer mieles suaves, florales, oscuras, intensas o ligeramente amargas según su origen. Se puede degustar sola, sobre pan, con quesos, yogur, frutas, frutos secos o postres, pero también puede utilizarse en salsas, marinados, infusiones y recetas que buscan un dulzor natural con identidad propia.

Lo mejor de León, producto a producto

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